Por Stiven Cartagena
agosto 26, 2026
La inteligencia artificial está haciendo más productivas a las empresas, pero también está modificando el tipo de amenazas que enfrentan. Un empleado puede introducir información confidencial en una herramienta de IA sin conocer las consecuencias, mientras un atacante puede utilizar esos mismos sistemas para crear campañas de phishing, suplantaciones de identidad o contenidos falsos más difíciles de detectar.
El costo de equivocarse tampoco es menor. Según el Cost of a Data Breach 2026 de IBM, una filtración de datos cuesta en promedio 4,65 millones de dólares a las organizaciones de América Latina. El estudio encontró además que cerca de 19% de los ataques maliciosos analizados fueron habilitados por inteligencia artificial.
Ese escenario está generando una nueva presión sobre los equipos de seguridad y, al mismo tiempo, abriendo espacio para startups que desarrollan herramientas para detectar vulnerabilidades, proteger datos y controlar el uso corporativo de IA.
Para Fabio Brodbeck, cofundador y CGO de OSTEC, empresa brasileña de ciberseguridad, una de las amenazas menos visibles está ocurriendo dentro de las propias compañías.

"Las personas no tienen la educación para utilizar correctamente la IA", explica Brodbeck, en entrevista con Contxto durante el Startup Summit 2026 en Florianópolis.
El problema aparece cuando los empleados utilizan modelos públicos para tareas cotidianas. Un trabajador puede cargar un documento de Word, una hoja de Excel o información interna para pedir un resumen o identificar conclusiones sin considerar que está compartiendo datos corporativos con una herramienta externa.
"Muchas veces ponen cosas de la empresa, cosas que son confidenciales, que son críticas de la empresa", señala.
La otra cara del problema está en quienes utilizan IA deliberadamente para atacar. Brodbeck pone el phishing como ejemplo. Los correos fraudulentos que antes podían delatarse por errores ortográficos o diseños poco profesionales son cada vez más convincentes.
"Hoy, incluso con un ChatGPT, dices que pides que escriba un HTML perfecto como un correo de un banco para que envíe a sus funcionarios de la empresa X; él va a hacer un documento perfecto que se puede enviar y las personas van a creer que esto es real", afirma.
La amenaza también alcanza las llamadas y las comunicaciones audiovisuales. Según Brodbeck, la clonación de voz y otros contenidos generados mediante IA están incorporando nuevas herramientas a los ataques de ingeniería social.
La aparición de estas amenazas está ocurriendo mientras el mercado de ciberseguridad vuelve a atraer capital. Según Crunchbase, las startups de ciberseguridad levantaron $11.600 millones de dólares en venture capital durante 2025, un incremento frente a 2024. La inteligencia artificial fue además uno de los principales motores de las nuevas inversiones, tanto para compañías que utilizan IA para defender sistemas como para aquellas enfocadas en proteger los propios modelos y agentes.
En América Latina, el mercado todavía es pequeño frente a Estados Unidos, pero la actividad empieza a diversificarse. La uruguaya Strike, por ejemplo, levantó $13,5 millones de dólares en una Serie A en 2025 para expandir su plataforma de penetration testing. La argentina Whalemate consiguió $1 millón para desarrollar herramientas de entrenamiento contra phishing y otras amenazas.
Brasil también está produciendo compañías enfocadas en el riesgo corporativo. Tenchi Security levantó $35 millones en 2024 para desarrollar herramientas de gestión de riesgo cibernético de terceros, un problema que ha cobrado relevancia a medida que las empresas dependen de cadenas cada vez más extensas de proveedores tecnológicos.
El mercado responde así a un cambio en la percepción del riesgo: después de una filtración, el costo no se limita a recuperar sistemas o reemplazar infraestructura. También puede afectar la relación con clientes, proveedores y socios comerciales.
"Los costos de un ataque, los costos de una fuga de datos son irreparables. Porque no son necesariamente los costos directos de eso, son los indirectos que son los peores: es la imagen de la empresa, es el daño que hace con los clientes, es el daño que hace con el mercado", dice Brodbeck.
La respuesta, sin embargo, no pasa únicamente por comprar nuevas herramientas. Para Brodbeck, las compañías necesitan trabajar sobre tres frentes: cultura, procesos y tecnología.
"Eso es lo que toda empresa necesita, no es una opción, es algo que es obligatorio", afirma.
La educación de los empleados adquiere especial importancia a medida que las compañías incorporan herramientas de IA sin que necesariamente existan políticas claras sobre qué información puede compartirse con ellas.
El cambio también está llegando a los presupuestos. 64% de las organizaciones latinoamericanas consultadas por IBM afirmó que planea incrementar su inversión en seguridad después de sufrir una filtración, con áreas como seguridad y gobernanza de IA entre sus prioridades.
Para los fundadores de la industria, eso abre una oportunidad que va más allá de la seguridad tradicional. Las empresas ahora necesitan saber qué información puede utilizar un modelo, qué permisos tiene un agente de IA, qué sistemas puede consultar y cómo detectar cuando una interacción aparentemente legítima forma parte de un ataque.
Brodbeck resume el cambio desde la perspectiva de las empresas: la ciberseguridad ya no debería aparecer después de un incidente, sino antes.
"Invertir en seguridad es una obligación para la empresa para que no tenga que perder otros costos", sostiene.
Mientras la adopción de IA continúa acelerándose en América Latina, esa tensión entre productividad y riesgo probablemente se convertirá en uno de los nuevos mercados para los emprendedores tecnológicos de la región.
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