abril 29, 2026
El ecosistema de startups en América Latina está en un momento de maduración y sigue creciendo, pero hay una cifra que es una realidad y no podemos dejarla a un lado: menos del 3% del capital de riesgo en la región se destina a startups fundadas por mujeres. Mientras los fondos buscan el próximo «unicornio», una brecha estructural está dejando fuera soluciones innovadoras por el simple hecho de quién las lidera.
La inversión en tecnología no es solo una cuestión de tendencias, sino de confianza. Sin embargo, los datos sugieren que los sesgos de inversión están limitando el techo de la región. Como se discutió recientemente durante la Cumbre de Líderes por la Equidad de género 2026, la falta de diversidad no es solo un problema ético, es un error estratégico de mercado.
Diana Espinosa, Oficial Nacional de Programas de ONU Mujeres en Colombia y experta en cooperación para el cierre de brechas económicas, lo dejó claro durante la cumbre: «No hay innovación posible si dejamos fuera el talento de la mitad de la población por sesgos de inversión».
Para Espinosa, esa falta de diversidad no es un tema menor; es una fuga de valor donde los fondos de VC podrían estar perdiendo retornos significativos al no diversificar o expandir sus portafolios.
Es común encasillar la equidad como una métrica de responsabilidad social, pero en el mundo del emprendimiento de alto impacto, esta debe entenderse como un indicador de eficiencia financiera.
Según estudios de Boston Consulting Group, las empresas lideradas por mujeres generan un retorno significativamente mayor: por cada dólar de inversión, estas startups generan 78 centavos de dólar en ingresos, mientras que las fundadas por hombres generan apenas 31 centavos. Esta diferencia de más del doble en el rendimiento deja claro que el mercado no solo es desigual, sino financieramente ineficiente al ignorar dónde se genera el valor real.
Para Ana Franco, Vicepresidenta de Family Care y Profesional para Latinoamérica en Kimberly-Clark, la equidad no debe tratarse como un asunto de buenas intenciones, sino como un motor fundamental para alcanzar la eficiencia económica dentro de las empresas y el ecosistema.
“Si una startup no es diversa, está operando con una visión limitada de su mercado potencial y, por ende, perdiendo dinero en el camino”, explica Franco.
Cuando hablabamos de oportunidades, también están los retos. Y aquí, las barreras, que suelen pasar desapercibidas, son de mucha relevancia en sectores como el capital de riesgo.
Durante la Cumbre, Valeria Molina desde su rol en la Secretaría de las Mujeres de Medellín, definió esta barrera con un término muy poderoso: la «pobreza de tiempo». Las emprendedoras pagan un impuesto invisible de cuidado no remunerado, ya que no sólo lideran sus empresas, sino que en muchos casos entregan gran parte de su día al sostenimiento de su familia y hogar.
El choque ocurre cuando los fondos de VC y los programas de aceleración tradicionales exigen una disponibilidad 24/7, invalidando por completo esta realidad. Al final, el ecosistema termina penalizando a las fundadoras, confundiendo esta falta de tiempo estructural con una «falta de compromiso».
“En Latinoamérica no tenemos un problema de diversidad, tenemos un problema de concentración de poder. (…) Eso no es transformación, es continuidad”, Dijo Carolina Zamora, Directora Global de Marketing de Nisum, en una entrevista.
Muchos acuerdos de capital de inversión se cierran en círculos tradicionalmente masculinos restringiendo el acceso a las mesas donde realmente se toman las decisiones y dejando a las fundadoras fuera del flujo de capital.
Como destacó Franco, esto hace indispensable crear redes de mentoría que permitan el escalamiento real de los negocios liderados por mujeres, brindando herramientas de negociación para nivelar la balanza frente a los fondos de capital.»
Cerrar la brecha del 3% dejó de ser una métrica de impacto para convertirse en un imperativo económico. Si América Latina quiere consolidarse como un verdadero polo de innovación global, no puede permitirse dejar el 97% de su capital en un solo lado de la mesa.
Como reconoce Odille Sánchez, líder del centro de Excelencia en Emprendimiento de Base Científica y Tecnológica del Tec de Monterrey: “ver más mujeres reconocidas en estos espacios es alentador”.
El talento y las soluciones tecnológicas ya están ahí; lo que falta es que los fondos corrijan los puntos ciegos en sus tesis de inversión. Diversificar el portafolio apostando por fundadoras es, hoy por hoy, la estrategia de rentabilidad menos aprovechada del mercado.